El ex primer ministro italiano Enrico Letta

Enrico Letta: «Si Marine Le Pen gana las elecciones francesas, Europa se acabará»

Este veterano político analiza las causas del creciente desencanto hacia la UE en una época en la que, con la globalización, el Viejo Continente se ve desafiado por gigantes como China o India

Tras sus elecciones, en octubre Francia y Alemania habrán derrotado al populismo y relanzarán el eje franco-alemán y el proyecto europeo. España e Italia deben estar en la locomotora más rápida, la que guiará el relanzamiento de la Unión Europea». El ex primer ministro italiano, Enrico Letta (Pisa, 1966) hace esta reflexión en una entrevista concedida a ABC desde su observatorio privilegiado de París, donde es decano de la Escuela de Asuntos Internacionales en la prestigiosa Universidad de Ciencias Políticas (SciencesPo).

Dice un antiguo proverbio que Roma no se hizo en un día. Obviamente, la Unión Europea es empresa mucho más complicada. La cumbre europea que se ha celebrado el sábado en la capital italiana con motivo del 60 aniversario del Tratado de Roma constató esas dificultades para su relanzamiento. Pero en estos tiempos difíciles, en los que muchos echan la culpa a Europa de nuestros males, y frente a los temores que suscita el Brexit, Trump y el populismo, hay quien tiene el coraje de manifestar que Europa tiene un gran futuro si aumenta su integración. Así lo hace Enrico Letta, quien se define como un «apasionado de Europa, aunque no me gusta la Europa de hoy», y se manifiesta «contrario a la retórica viejo estilo porque hay que usar palabras nuevas».

Letta, que fue presidente de los jóvenes democristianos europeos y el ministro más joven de Italia, con 32 años, responsable de la cartera de Políticas Comunitarias, tiene títulos, prestigio y relaciones para aspirar a un alto cargo europeo en el futuro, con ideas que expone en un libro que en septiembre estará en las librerías españolas: «Contra vientos y mareas. Ideas sobre Europa e Italia».

Habitualmente se ha dicho, que la Unión Europea es «una historia de éxito». Pero hay quien señala, con un discurso populista, que «la historia de Europa no es un éxito, sino un fracaso». ¿Cuál es la realidad?

Es una falsedad histórica decir que la historia de Europa no es un éxito, sino un fracaso. Europa, para países como Francia y Alemania, ha significado no hacer más guerras; para España, democracia y desarrollo. Europa ha significado bienestar. Está fuera de lugar hablar de una historia de fracaso. Las dificultades de nuestra sociedad actual no son debidas a Europa, sino a la globalización.

¿Por qué el discurso populista de los nacionalismos contra Europa tiene éxito?

Yo creo que el discurso populista es una tentación muy fuerte, ligada a la insatisfacción por la situación presente. Cuando las cosas no van bien se piensa que una vía de salida puede ser la de buscar un culpable. Se llega así a imaginar que el culpable es Europa, señalando que basta eliminarla para resolver nuestros problemas. Este es el gran riesgo. Hay países, sobre todo Italia, Francia y España que corren ese riesgo. Pensar que Europa es la causa de nuestros problemas es un error de perspectiva gravísimo.

¿Dónde está entonces el origen de nuestros problemas?

La causa de nuestros problemas está en la globalización, en el hecho de que los países europeos, que antes eran el centro del mundo, ahora son desafiados por las nuevas grandes potencias que en los últimos años se han convertido en gigantes, como China, India o Brasil. Ahora es el mundo nuestra referencia. Hace un siglo los habitantes europeos representaban un cuarto de la población mundial. Dentro de pocos decenios seremos una vigésima parte.

¿Cuál debe ser la respuesta a esos problemas?

Debemos comprender que es necesaria una fuerte integración europea, diferente de la que hemos tenido hasta ahora. Yo no soy un defensor del statu quo europeo. Se necesita una Europa mejor, diferente. La solución no está en el retorno al nacionalismo, sino en dar un gran impulso hacia la integración. La disminución del peso demográfico y económico de Europa en el mundo es sustituida por una influencia creciente de los valores europeos. Y esta es una carta que se juega con la integración. Solo juntos podremos hacer fuertes esos valores.

Usted está a favor de una Europa de distintas velocidades. ¿Qué países deben estar en el núcleo duro?

El núcleo duro debe ser el área del euro, que debe comenzar a caminar ya. Y yo diría que a correr, con una gran responsabilidad de los cuatro grandes países del área del euro: Italia, España, Alemania y Francia.

Desde hace años usted ha sido un gran impulsor del Foro de diálogo España-Italia. ¿Cuál puede ser el papel de ambos países en este año decisivo para Europa?

Siempre he animado el diálogo entre ambos países, en el que creo mucho. Considero que durante este año hay, en particular, un gran desafío para España e Italia. Lo digo porque este 2017 será el año del relanzamiento del eje franco-alemán. Residiendo en París veo que en Francia, salvo que gane Marine Le Pen –porque si gana ella, Europa se acaba–, la reflexión que hacen en particular Macron y Fillon, que son quienes a mi entender se juegan la presidencia, es que se debe relanzar el eje franco-alemán. Y lo mismo en Alemania, donde Angela Merkel y Martin Schulz, dos candidatos muy proeuropeos, harán que el eje franco alemán sea relanzado.

Ante ese eje franco-alemán, ¿qué papel pueden tener España e Italia en la refundación de Europa?

Mientras que en octubre, con Francia y Alemania que derrotarán al populismo, habrá un relanzamiento de la Unión Europea por estos dos países, España e Italia corren el riesgo de verse sumidos en un clima de gran incertidumbre política, con gobiernos de minoría e inestabilidad. Nuestros dos países deben ingresar en la locomotora más rápida, la que guiará la Unión Europea y no dejar solos a Alemania y Francia.

Brexit, Trump y los populismos provocan temor. Resurgen algunos nacionalismos. ¿Cómo derrotarlos?

El voto holandés demostró que el populismo no es imbatible. Existe la posibilidad de derrotar a los populistas. La secuencia Brexit-Trump se refiere solo a dos países. Se equivocaron Cameron en Inglaterra y el Partido Demócrata al proponer a Clinton como candidata en Estados Unidos. El dato de Holanda demuestra que Europa es otra cosa y que se puede derrotar a los nacionalismos y su discurso populista, pero es necesario asumir el compromiso europeo.

Usted dice que a Europa le ha llegado la hora de convertirse en adulta. ¿Qué respuestas cabe dar a sus problemas más graves como inmigración, terrorismo o desempleo?

Europa debe dar respuestas de forma conjunta, porque esta es mejor que una respuesta nacional. En inmigración es necesario crear el cuerpo de guardafronteras europeos para gestionar los límites exteriores de la UE. Se debe poner en marcha el FBI europeo contra el terrorismo, con una eficaz colaboración entre los diversos países europeos. Hay que lograr que en el euro se pase del ESM (Mecanismo Europeo de Estabilidad) a un verdadero y propio Fondo Monetario Europeo que salve a países en dificultad cuando se avisten las primeras señales de humo, no cuando la casa ya está ardiendo como ocurrió con Grecia. Otra cuestión que propongo es la reestructuración empresarial: cuando la globalización golpea a regiones y fábricas, en lugar de decir «no se puede hacer nada, porque no puede haber ayudas de Estado», se deben hacer políticas para reestructurar esas áreas en crisis.

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