Italia, Francia y Alemania piden limitar la inversión china en la UE

Plantean a Bruselas límites a las compras en sectores clave para evitar el asalto a sus joyas empresariales

Europa teme la caza de sus joyas empresariales por China, un asalto sin reciprocidad. El interés del fabricante asiático Great Wall por la italiana Fiat Chrysler es el último ejemplo. Por eso, los ministros de Industria de Italia, Francia y Alemania han enviado una carta a la Comisión Europea con una petición concreta y la mirada puesta en el gigante asiático, aunque no se cita expresamente a este país: obtener más poderes con el fin de parar las compras de empresas europeas por países terceros que operan según reglas que no son de mercado o que no respetan la igualdad de tratamiento.

Lo que más preocupa a las potencias industriales europeas son las inversiones apoyadas por Pekín y dirigidas a la compra de empresas de alto valor tecnológico. Detrás de la expansión de las empresas chinas, hay una justificación que convirtió en un credo Wang Jianlin, 63 años, el patrón del coloso Dalian Wanda y hombre más rico de China: «Si las empresas no se convierten en globales, China no se hace potente».

El documento de los tres ministros se articula en cinco puntos, siendo decisivo el que contiene la propuesta para frenar las inversiones chinas en Europa y que plantea que los Estados miembros de la UE deberían poner condiciones o prohibir las inversiones de países en los que los inversores europeos no reciben igualdad de condiciones a las empresas domésticas o si hay disparidad en las reglas con las que Europa acoge capitales extranjeros. Se especifica también que los Estados han de tener el derecho de examinar, para comprobar la compatibilidad con las reglas de mercado, las inversiones dirigidas a sectores estratégicos.

Las barreras se elevarían cuando se compruebe que la inversión es subrepticiamente apoyada por agencias o fondos soberanos, o porque forme parte de una estrategia de política industrial para hacer prevalecer intereses nacionales. Es decir, la defensa que hacen los tres países no es proteccionismo en un mercado global. Los gobiernos de Italia, Francia y Alemania temen que algunas inversiones o compras en la UE por países terceros, en particular China, no tengan estrictos objetivos económicos. Fondos y empresas del Estado pueden moverse por objetivos difíciles de descifrar. En China, por ejemplo, la banca es pública en grandísima parte, y el acceso al crédito está regulado por criterios políticos.

La defensa de las empresas y sectores estratégicos está adquiriendo una relevancia cada vez mayor. De ahí que se espere que el 13 de septiembre próximo, el presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, en el discurso del estado de la Unión, presente una iniciativa en esta materia. Cabe imaginar que China, con las enormes reservas de divisas y liquidez con que cuenta, intentará seguir comprando en el exterior. Sus inversiones en 2016 fueron 244.000 millones de euros, el doble que en el año anterior. Pero Europa quiere evitar el asalto a sus joyas y, sobre todo, a sus sectores estratégicos.

 

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