Ivana y Melania Trump - AFP

Ivana Trump reclama su sitio en la familia presidencial

La primera mujer de Trump, ha dicho que la primera dama es ella y ha conseguido lo imposible: que Melania, la actual del presidente de EE.UU., mueva un músculo y defiensa su puesto

Melania Trump navega las aguas tempestuosas de la presidencia de su marido con un objetivo claro: no meter la pata. Hasta el momento, lo ha hecho con gran acierto. La primera dama es una presencia pétrea, una esfinge de pómulos afilados colocada al lado de Donald Trump, que ni pestañea mientras su marido se mete en un nuevo charco. Apenas un par de deslices -le apartó la mano a Trump en la visita a Jerusalén, no pudo esconder su sobresalto cuando el presidente habló por sorpresa de aplicar «furia y fuego» contra Corea del Norte- no han deteriorado su imagen de primera dama elegante, discreta e inocua. Ya durante las elecciones, la campaña de Trump optó por meterla en un cajón, quizá temerosos del efecto de su acento eslavo en el discurso identitario del multimillonario estadounidense y de su inexperiencia. Además su primer discurso, en la convención republicana, fue un fiasco y un alboroto: se comprobó que había plagiado partes de otro de Michelle Obama, la mujer del presidente al que Trump atacaba sin descanso. La ex modelo se refugió en la Torre Trump con el hijo que comparte con Trump-Barron– y solo tuvo un momento clave cuando salió a defender a su marido tras la publicación de un vídeo, en la recta final de la campaña, en el que alardeaba de que las mujeres le permitían tocamientos impropios por ser quien era.

Pero alguien ha encontrado ahora una fibra sensible enterrada en el andamiaje granítico de Melania. Ha sido Ivana Trump, también ex modelo, también eslava (nacida en la antigua Checoslovaquia), y también casada -entre 1977 y 1992- con el actual presidente de EE.UU. Ayer, esta mujer de rompe y rasga publicó unas memorias bajo el título equívoco de «Raising Trump», que se puede traducir como «criar», «educar» o incluso «levantar» al magnate neoyorquino, y que también puede referirse a los tres hijos que les unen, Donald Jr., Eric y la favorita del presidente, Ivanka. Todo lo que tiene que ver con el volcánico residente de la Casa Blanca provoca interés, y su ex mujer no ha dejado pasar la oportunidad de hacer caja con su matrimonio. Hay que pasar casi 200 páginas para las primeras menciones a Melania, la tercera mujer de Trump, en el libro, con quien Ivana asegura no tener «ningún problema».

Ivana Trump junto a sus tres hijos.

Ivana Trump junto a sus tres hijos.

Muchas veces, sin embargo, la promoción de un libro ofrece material más jugoso que lo que está en negro sobre blanco. En una entrevista con la cadena ABC, Ivana se denominó como «primera dama» porque «básicamente, yo soy la primera mujer de Trump, ¿vale?». Además, dijo que habla con el presidente cerca de una vez cada dos semanas y que tiene «el número directo» de Trump en la Casa Blanca, pero que no lo utiliza mucho «porque Melania está ahí y no quiero causar celos».

El asunto ha enfurecido a Melania, que ha bajado al barro para defender su cargo y su territorio. Su portavoz, Stephanie Grisham, emitió un comunicado en el que defendía que Melania está encantada de ser la primera dama y que usará el cargo «para ayudar a los niños, no para vender libros». Además, aseguró que esas palabras «de una ex» no tienen entidad y que solo buscan «atención y beneficio propio».

No era el primer roce entre ambas. En otoño de 2015, con la campaña presidencial apenas arrancando, Ivana organizó un almuerzo con amigas del que se filtró que dijo que Melania era «incapaz de hablar, incapaz de dar un discurso». Ahora, en el libro, asegura que solo mencionó que la actual primera dama era una persona «discreta y privada, que no disfruta mucho de estar en público». La principal enemiga de Ivana es Marla Maples, la segunda mujer de Trump, con la que inició su romance todavía casado con su primera esposa, lo que hizo las delicias de la prensa rosa de la época. «¿Por qué debería tener problemas con Melania», escribe Ivana en sus memorias. «Ella no rompió mi matrimonio».

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